En una entrevista concedida desde el Despacho Oval a la revista Fortune, el presidente de Estados Unidos Donald Trump declaró que su país lleva una ventaja decisiva sobre China en el desarrollo de la inteligencia artificial. La clave, según él, está en una decisión que tomó personalmente: autorizar a las grandes empresas tecnológicas a construir sus propias plantas de generación eléctrica, por fuera de la red convencional.
«Estas empresas construyen ahora sus propias unidades eléctricas, no usan la red en absoluto. De lo contrario, no podríamos competir. Es importante que ganemos», aseguró Trump, horas antes de volar a Beijing para reunirse con el presidente chino Xi Jinping.
El mandatario destacó que compañías como Meta, Amazon y Alphabet invierten individualmente más de 100.000 millones de dólares este año en infraestructura de inteligencia artificial, impulsando al sector a niveles sin precedentes. Para graficar la escala de los nuevos centros de datos, Trump recurrió a una comparación: «El Pentágono siempre fue el edificio más grande jamás construido. Eso es como un juguete en comparación.»
El Estado como accionista
Uno de los capítulos más llamativos de la entrevista fue la revelación sobre Intel. A cambio de convertir en capital los subsidios federales ya comprometidos con el fabricante de chips, la administración Trump obtuvo una participación del 9,9% en la compañía, valuada hoy en más de 50.000 millones de dólares. El presidente recordó la negociación con cierta picardía: «Le dije al CEO: ‘Dale al país el 10% de Intel gratis’. Me dijo: ‘Trato hecho’. Y yo pensé: ‘Tendría que haber pedido más’.»
Detrás de esa apuesta hay también una lectura geopolítica. Trump considera que el declive de Intel frente al gigante taiwanés TSMC fue un error histórico que podría haberse evitado con aranceles oportunos. Durante la cumbre de Beijing, cuando Xi Jinping le preguntó directamente si Estados Unidos defendería a Taiwán en caso de un ataque chino, Trump se negó a responder. La ambigüedad irritó a Taipéi: el presidente taiwanés William Lai salió a declarar que «Taiwán jamás será sacrificado ni intercambiado.»
Boeing y la gira asiática
En cada gira diplomática, Trump presiona a sus interlocutores para que compren aviones de Boeing, el mayor exportador aeroespacial de Estados Unidos. El CEO de la compañía, Kelly Ortberg, lo llamó «Vendedor del Año», título que Trump aceptó con orgullo. El cierre más visible llegó desde Beijing: China se comprometió a adquirir 200 aeronaves de la empresa.
Irán, inflación y aranceles
El conflicto con Irán opera como la principal fuente de incertidumbre sobre la agenda económica. La inflación trepó a 3,8% en mayo, impulsada por el encarecimiento del petróleo, y Trump admitió que los recortes de tasas tendrán que esperar. Sobre los líderes iraníes, dijo: «Gritan todo el tiempo. Pero están desesperados por firmar.» Sin embargo, las negociaciones siguen bloqueadas: Teherán calificó las condiciones estadounidenses de «excesivas» y advirtió sobre un posible punto muerto.
El presidente también expresó su frustración ante un fallo reciente de la Corte Suprema que declaró inconstitucional aproximadamente la mitad de los aranceles del «Día de la Liberación», obligando a la administración a devolver 149.000 millones de dólares. «¿Pueden imaginarlo? A gente que nos odia, a países que nos estafaron durante años, tengo que devolverles ese dinero», se quejó.
Sin sucesor designado
Al cierre de la entrevista, Trump fue consultado sobre su legado y sobre quién podría continuar su estilo de gobierno. Los nombres que circulan son el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y su hijo Donald Trump Jr. Pero el presidente esquivó cualquier definición y lanzó una advertencia final: «Quien consiga este trabajo va a ser muy importante. Y si es la persona equivocada: un desastre.»
