Paco Amoroso y Ca7riel convirtieron el Metropolitano en una clínica del caos

No era un recital. Era un ingreso forzado al Free Spirits Center.

Así arrancó anoche el show de CA7RIEL & Paco Amoroso en el Metropolitano de Rosario: los dos artistas entrando al escenario acostados en camillas, como si alguien los hubiera internado. La canción era «No me sirve más». El mensaje era claro desde el primer segundo.

El concepto viene con el disco. Free Spirits —su nuevo álbum— construye la ficción de un centro de rehabilitación espiritual, y la gira lo lleva en serio: pantallas con instrucciones de «liberación», una narrativa que avanza entre bloque y bloque, y la voz en off de Sting funcionando como guía de meditación siniestra en el medio de todo. Raro. Efectivo.

Minutos después de las 21, con el Metropolitano lleno y el público vestido como si hubiera pasado por el mismo proceso de selección de casting, Paco tomó el micrófono y lo dijo sin rodeos: «Muy buenas noches Rosario, ¿cómo están? Estamos felices de estar acá de nuevo.» Ahí se rompió todo.

Lo que siguió fueron cinco bloques que funcionaron casi como un álbum en vivo: canciones nuevas del disco —»Nada nuevo», «Goo Goo Ga Ga», «Vida loca», «Coca Cola», «Lo quiero ya!»— mezcladas con los hits que ya son parte del canon de una generación. Cuando llegaron los temas de Papota —»Impostor», «Re forro», «Día del Amigo»— la sala pegó otro salto. Y con los de Baño María —»Dumbai», «Baby gangsta», «El Único», «La que puede»— el pogo no paró más.

El resultado fue una rave con hilo conductor, o una obra conceptual que en algún punto decidió ser una fiesta. Las dos cosas al mismo tiempo, que es exactamente lo que hace Ca7riel & Paco cuando funciona bien.