La noticia que cambió al país provocó que cientos de miles de personas se acercaran a Plaza de Mayo, un lugar emblemático donde la historia y la música se unen. La convocatoria era para las seis de la tarde, pero mucho antes la plaza ya estaba llena de gente que llevaba consigo una parte de la historia, ya sea a través de una remera, una bandera o un tatuaje. Había grupos de adolescentes, parejas mayores de 70 años, oficinistas recién salidos del trabajo, amigos que salían del fútbol, de la facultad, familias enteras y hasta cuatro generaciones de ricoteros juntas, todos unidos por el mismo amor.
La plaza se transformó rápidamente en una verdadera misa popular, con parlantes improvisados que reunían grupos de personas que cantaban mirando al cielo, casi como un ritual. Sonaban canciones en cada rincón, había puestos de choripanes, vendedores de cerveza, jarras que giraban entre desconocidos, banderas flameando, bengalas, fuegos artificiales y abrazos infinitos. La gente cantaba, bailaba, se reía, lloraba abrazada con desconocidos y discutía sobre el legado de Carlos Alberto "Indio" Solari. Todos estaban unidos por el mismo amor ricotero, algo que solo pasa en Argentina y que resulta muy difícil de explicar a alguien de afuera.
La poesía de Indio Solari es compleja de interpretar, pero logró meterse en la casa de todos los argentinos. El Indio nos habló de cosas muy complejas con palabras muy simples y escribió sobre situaciones cotidianas de una forma inigualable. Nos habló siempre en argentino, escribió sobre amigos, bares de noches largas, miserias, vicios, nuestro fútbol, el amor y la revolución. Y de la muerte, claro que nos habló de ella. Hoy llora una piba en la villa, un laburante precarizado, un chico sentado en la facultad, un intelectual, un preso, un barrendero, una maestra, un desocupado, una ama de casa. Hoy llora el pueblo argentino.
Algo incomprensible moviliza a todos aquellos que alguna vez encontraron refugio en las canciones de Indio Solari cuando un amigo o un familiar no alcanzaba. Un pibe le dice a un amigo: “Me hace acordar a la muerte de Diego, y me parece muy loco que Dios pueda morir dos veces”. En las malas y en las buenas, en los amores y desamores, y también en la injusticia social, el Indio nos dio rebeldía, coherencia y lealtad. Porque tiene canciones para reír, para bailar y para pensar. La muerte del Indio Solari es un duelo nacional, un duelo que nos hace reflexionar sobre la vida, la música y la historia de nuestro país.
