El gobierno de Pedro Sánchez prohibió el uso del espacio aéreo español a todas las aeronaves estadounidenses vinculadas a la guerra contra Irán. La ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó que la medida está activa desde el inicio del conflicto: «Desde el primer momento se le trasladó clarísimamente al Ejército americano que no se autorizaban las bases ni la utilización del espacio aéreo para actuaciones que tengan que ver con la guerra en Irán».
La decisión forma parte de un endurecimiento progresivo de la postura española desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la ofensiva aérea contra objetivos iraníes. España calificó la intervención como «ilegal» por no contar con respaldo de la ONU, la OTAN ni la Unión Europea, y se desmarcó de Francia, Alemania y Reino Unido, que sí coordinaron acciones con Washington.
La escalada diplomática incluyó la prohibición de usar las bases de Rota y Morón para operaciones ofensivas —lo que obligó a EE.UU. a retirar más de una decena de aviones cisterna—, la cancelación de maniobras militares conjuntas y el retiro del embajador español en Israel el 11 de marzo.
Sánchez reflotó el histórico lema socialista «No a la guerra» como eje de su estrategia, mientras el ministro de Economía Carlos Cuerpo anunció la apertura de dos nuevas oficinas comerciales en Boston y Houston para fortalecer la relación bilateral por la vía económica.
