Un trabajo publicado en la revista científica AIP Advances plantea una hipótesis que cruza física cuántica, cosmología y filosofía: la conciencia no sería un producto del cerebro sino un componente fundamental de la realidad, comparable a los campos electromagnético o gravitatorio. La autora, la investigadora Maria Strømme, construyó un modelo matemático donde la conciencia se representa como un campo universal, presente incluso antes de la aparición del espacio y del tiempo.
En este marco teórico, la conciencia individual sería una «excitación localizada» dentro de ese campo mayor, usando el mismo lenguaje que la física de partículas emplea para describir perturbaciones en campos fundamentales. La implicación más provocadora: si la conciencia individual es solo una excitación temporal, su desaparición no significaría aniquilación sino «reintegración en el campo universal».
El modelo se apoya en tres principios: mente universal como inteligencia creativa, conciencia universal como capacidad de experimentar, y pensamiento como mecanismo que transforma el potencial en experiencia concreta. Utiliza conceptos reales de la física, como ruptura de simetría y fluctuaciones cuánticas, para describir cómo surgiría la estructura del universo.
Es importante aclarar que se trata de una propuesta altamente especulativa, sin evidencia experimental que la respalde por ahora. Pero abre una línea de reflexión sobre uno de los problemas más profundos de la ciencia: cómo encaja la conciencia en el universo físico.
