Un análisis publicado en The Atlantic por el historiador de salud pública David Merritt Johns reveló un hallazgo que desafía el sentido común: consumir media taza diaria de helado podría estar asociado con un menor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina —un precursor de la diabetes— y problemas cardíacos en personas con sobrepeso.
El hallazgo fue detectado en 2018 por el epidemiólogo Mark Pereira, de la Universidad de Harvard. Según el propio Pereira, los análisis se repitieron varias veces y el resultado se mantuvo, aunque no existe una explicación clara. Entre las hipótesis que se barajan figuran el índice glucémico del helado o ciertos componentes presentes en los lácteos.
El dato, por llamativo que resulte, no convenció a toda la comunidad científica. Investigadores británicos como John Ford recibieron los resultados con escepticismo y advirtieron que no alcanzan para considerar al helado un alimento saludable. En ciencia, una asociación estadística no equivale a una recomendación médica, y este caso es un ejemplo claro de esa distinción.
