Donald Trump dejó en claro que el Líbano y Hezbollah no forman parte del alto el fuego de dos semanas pactado con Irán. «No estaban incluidos en el acuerdo. Eso también se resolverá», dijo el presidente estadounidense a PBS. Sobre los ataques israelíes en curso, fue directo: «Es una escaramuza separada».
La definición de Trump contradijo la postura de Pakistán, que medió en la tregua y sostuvo desde el inicio que el frente libanés estaba incluido. Benjamin Netanyahu ya lo había anticipado en la madrugada: la campaña contra Hezbollah iba a seguir sin interrupciones.
Y así fue. Pocas horas después, Israel ejecutó lo que su propio ejército describió como el mayor ataque coordinado de la guerra: más de 100 objetivos de Hezbollah impactados en menos de diez minutos en Beirut, el sur del Líbano y el valle de la Bekaa. El Ministerio de Salud libanés reportó decenas de muertos y cientos de heridos en una estimación preliminar.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, advirtió al líder de Hezbollah, Naim Kassem, que «le llegará su turno». Desde el inicio de la operación terrestre israelí el 2 de marzo, los ataques aéreos dejaron más de 1.530 muertos y más de un millón de desplazados.
