SENTADILLA ASIATICA .. QUE ES?

La sentadilla asiática (o deep squat) es, básicamente, una sentadilla profunda en la que te agachás por completo, rompiendo la línea de las rodillas, hasta que la cola queda casi pegada a los talones, pero con un detalle fundamental: los talones jamás se levantan del suelo.

Para gran parte de la población en los países occidentales, hacer esto es un desafío titánico o directamente imposible sin caerse para atrás. Sin embargo, en gran parte de Asia (y en muchas culturas de África y América Latina), es la postura natural y cotidiana para descansar, comer, esperar el colectivo o charlar en la calle. No es una cuestión genética, sino de hábito y flexibilidad perdida.

Acá te cuento por qué nos cuesta tanto y cuáles son sus tremendos beneficios si lográs incorporarla a tu día a día:

¿Por qué nos cuesta tanto en Occidente?

La culpa la tienen las sillas y los sillones. Desde que somos chiquitos, pasamos horas sentados a 90 grados. Con los años, el cuerpo se adapta a esa postura cómoda y el cerebro «desactiva» los rangos de movimiento más profundos.

Como resultado, perdemos la movilidad en los tobillos, se nos acortan los tendones de Aquiles y se nos endurecen las caderas. Cuando intentamos bajar del todo, los talones se levantan automáticamente para compensar la falta de flexibilidad y perdemos el equilibrio. Los nenes chiquitos, de cualquier parte del mundo, hacen la sentadilla asiática de forma perfecta y natural para jugar en el piso. Nosotros simplemente nos olvidamos de cómo se hacía.

Los beneficios de recuperar esta postura

Volver a entrenar el cuerpo para lograr esta posición (aunque sea unos minutos al día) tiene un impacto espectacular en la salud:

  • Movilidad de cadera y tobillos al 100%: Es el mejor estiramiento natural que existe. Descomprime las articulaciones del tobillo y abre las caderas, una zona donde acumulamos muchísima tensión por estar sentados.
  • Alivio del dolor lumbar: Al bajar por completo, la pelvis se vuelca hacia atrás de una manera que estira y descomprime la zona baja de la espalda. Es un bálsamo para quienes sufren de lumbalgia por mala postura.
  • Mejora la digestión y el tránsito intestinal: La postura genera una compresión natural en el abdomen que ayuda a mover el sistema digestivo. De hecho, anatómicamente, es la posición perfecta y natural para ir al baño (por eso hoy están tan de moda los banquitos para apoyar los pies en el inodoro).
  • Fortalece las piernas y el «core»: Mantener el equilibrio ahí abajo exige que los músculos de las piernas, los glúteos y el abdomen trabajen para sostenerte, mejorando la fuerza y la estabilidad general.
  • Protección para las rodillas: Contrario al mito de que doblar mucho las rodillas es malo, la sentadilla profunda (hecha con cuidado) fortalece los tendones y ligamentos de la articulación, haciéndola más resistente a lesiones.

Cómo empezar a practicarla sin morir en el intento

Si intentás bajar ahora y sentís que te caés, no te preocupes, es lo más normal del mundo. Podés empezar a ganar flexibilidad con estos trucos:

  1. Agarrate de algo: Ponete frente a una mesa firme, el marco de una puerta o un poste. Agarrate con las manos y bajá despacio, dejando que tus brazos sostengan el peso para que no te caigas hacia atrás. Mantené los talones pegados al piso.
  2. Suplementá los talones: Si no llegás al piso, poné un almohadón finito, una manta doblada o un disco de gimnasio debajo de los talones. Eso eleva un poco el suelo y te permite apoyar todo el pie mientras tus tobillos van ganando flexibilidad.
  3. Hacelo por tiempos cortos: No intentes quedarte cinco minutos de golpe. Probá estar 30 segundos mientras miras el celular o descansas entre ejercicios, y andá sumando tiempo de a poco.

Recuperar la sentadilla asiática es, en el fondo, devolverle al cuerpo una habilidad con la que vinimos de fábrica. Tu espalda y tus piernas te lo van a agradecer.