El chico malo del pop británico patea el tablero con «BRITPOP», un disco sorpresa que es una deuda con su pasado
Como si se tratara de una vuelta a las fuentes, a ese sonido que lo vio nacer como solista, Robbie Williams acaba de lanzar *BRITPOP*, su decimotercer álbum de estudio. Y no es una movida cualquiera: es la carta que siempre quiso jugar, el disco que, según sus propias palabras, debió haber escrito en 1995 tras su caótica salida de Take That. En pleno auge de Oasis y Blur, Robbie eligió otro camino. Hasta ahora.
Lejos de buscar la complejidad, *BRITPOP* es un golpe de nostalgia y honestidad brutal. La crítica internacional, desde *The Independent* hasta *The Guardian*, coincide: es un álbum «repleto de ganchos, riffs elevados y estribillos himnarios». No inventa nada nuevo, pero lo que hace, lo hace con una familiaridad que desarma. A la tercera escucha, parece que sus temas siempre estuvieron ahí, sonando en algún pub de Manchester.
En un panorama pop actual tan calculado y prolijo, la voz de Williams —esa lija sonora que ya era puro rock and roll en Take That— se siente positivamente anárquica. Es un disco que suena a verdad, a un artista en la cima de su carrera haciendo exactamente lo que le da la gana.
No hay tiempo que perder, el disco va al hueso. Aquí un recorrido express por sus puntos más altos:
«Rocket»: La joya de la corona y primer single. Una colaboración inesperada con el legendario Tony Iommi de Black Sabbath. Es una reflexión cruda sobre el dolor y el placer de la fama, encapsulada en la frase: *»I hurt, but it’s worth it»* (Duele, pero vale la pena).
*«Spies»: Pura energía britpop de la vieja escuela. Guitarras al frente, una base rítmica potente y un estribillo hecho para estadios. Podría haber sido un lado B de Oasis en su mejor momento.
El álbum mantiene el pulso con temas que privilegian la crudeza y la energía himnémica, dejando claro que este es un disco de guitarras, de sudor y de cantar a los gritos.
BRITPOP no es perfecto, pero es genuino. Y en el 2026, un artista que prefiere la honestidad a la perfección no es solo un músico, es una declaración de principios. Y eso, amigos, es Robbie Williams.


