POR QUÉ LA ROPA MAL SECADA HUELE MAL Y CÓMO EVITARLO

Ese olor a rancio que aparece en la ropa húmeda tiene una explicación científica concreta: bacterias y hongos que se desarrollan cuando las prendas permanecen mojadas demasiado tiempo sin la ventilación o el calor suficiente para secarse. Los principales responsables son bacterias del tipo Pseudomonas y hongos del género Aspergillus, que se alimentan de la humedad y los restos orgánicos presentes en las telas —sudor, aceites de la piel, suciedad y restos de detergente mal enjuagado—. Al descomponer esos residuos, liberan compuestos volátiles como ácidos grasos, aminas y sustancias sulfuradas: los verdaderos causantes del olor desagradable.

No todas las prendas son igual de vulnerables. Las fibras sintéticas como el poliéster, el nailon y el acrílico retienen más la humedad y, por lo tanto, son las más propensas a acumular ese olor característico. El algodón, al ser más transpirable y secarse con mayor rapidez, resulta menos afectado.

Cómo combatirlo

La clave está en cortar el ciclo de humedad lo antes posible. Algunos consejos prácticos:

— Exponer la ropa al máximo flujo de aire posible: cerca de una ventana abierta, un ventilador o directamente al aire libre.

— Agregar vinagre blanco al agua del enjuague final: neutraliza los olores de manera efectiva y sin dañar las telas.

— Lavar con agua caliente cuando la prenda lo permita, ya que las altas temperaturas eliminan mejor los microorganismos.

— Secar la ropa lo más rápido posible después del lavado, sin dejarla estancada en el tambor de la lavarropas.

— En ambientes con mucha humedad ambiental, usar un deshumidificador puede marcar una diferencia notable.

El buen secado no es solo una cuestión de presentación: es la mejor forma de impedir que bacterias y hongos conviertan la ropa limpia en un foco de mal olor.

Javier Tschudy