Nepal decidió ponerle freno al turismo descontrolado en el Everest. A partir de 2026, escalar la montaña más alta del mundo dejará de ser solo una cuestión de plata: el gobierno nepalí exigirá haber coronado previamente una cumbre de más de 7.000 metros en el país, presentar un certificado médico con no más de un mes de antigüedad y pagar una fianza ambiental no reembolsable de 4.000 dólares destinada exclusivamente a la limpieza de residuos.
Cada montañista tendrá la obligación de bajar con al menos 8 kilos de basura, una medida concreta contra la acumulación de desechos que viene degradando el ecosistema de altura desde hace décadas. También quedan prohibidos los ascensos en solitario por razones de seguridad.
Otro punto clave es la creación de un fondo específico para el bienestar social de los guías sherpas y el mantenimiento permanente de la montaña. Es un reconocimiento largamente esperado para quienes arriesgan su vida en cada expedición.
La reforma apunta a un equilibrio sensato: que el Everest siga siendo un desafío para los que realmente están preparados, sin transformarse en un vertedero a 8.849 metros de altura. Reglas claras, responsabilidad individual y menos intervención estatal innecesaria: el mercado del montañismo se autorregula mejor cuando las condiciones son transparentes.
