Una investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences demostró que las puntas de dientes, espinas y aguijones de distintas especies adoptan una forma parabólica universal como consecuencia del desgaste mecánico aleatorio, y no exclusivamente por selección natural. El hallazgo cuestiona una idea profundamente arraigada en la biología: que cada detalle de las estructuras naturales responde a un proceso de optimización evolutiva. Según el estudio, esas formas no nacen perfectas, sino que se vuelven perfectas con el uso.
El experimento que sustenta la conclusión es llamativamente sencillo: los investigadores colocaron lápices perfectamente afilados sobre una superficie vibratoria durante más de cuatro horas, permitiendo que chocaran entre sí de manera aleatoria. Independientemente de la forma inicial, todos terminaron desarrollando la misma curva parabólica redondeada. Lo que sorprendió a los científicos es que esa misma forma coincide con la más eficaz para perforar, cortar o desgarrar, y aparece a escalas radicalmente distintas, desde espinas vegetales hasta colmillos de grandes mamíferos. El fenómeno abre además una aplicación práctica en arqueología: analizar el grado de redondeo de herramientas de piedra prehistóricas podría revelar para qué fueron utilizadas, ya que cada variación en la curvatura registra la historia de uso del objeto.
