En el día de su cumpleaños, la Secretaría de Cultura de la Nación celebra la carrera de una las actrices argentinas más icónicas y admiradas de todos los tiempos.
Nacida en Buenos Aires un 10 de junio de 1941, Graciela Borges —nombre artístico de Graciela Noemí Zabala— es una de las actrices más laureadas, influyentes y respetadas de la Argentina. Con una trayectoria que abarca más de seis décadas y una filmografía que supera las 60 películas, ha sido distinguida con el Cóndor de Plata, el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, entre otros reconocimientos.

Su carrera comenzó a muy temprana edad, a los 14 años, cuando Hugo del Carril la eligió para debutar en el largometraje Una cita con la vida (1958). Ante la oposición de su padre a que el apellido familiar se vinculara al espectáculo, la joven actriz fue llorando al hogar del escritor Augusto Mario Delfino donde coincidió con Jorge Luis Borges. “Borges, muy amoroso, como era él —porque parecía muy frío, pero era todo lo contrario— dijo: ‘Le presto mi nombre’. Porque Borges no decía ‘mi apellido es Borges’, decía ‘mi nombre es Borges’», evocó la intérprete en un entrevista radial en 2024 y agregó: “Desde ahí tomé su nombre, que lo llevo en el alma, más allá de que adoro mi apellido y mis raíces. Ese hermoso acto de amor lo llevo muy atesorado dentro de mí porque logró consolarme y decirme que no tenía obstáculos para lograr lo que soñaba”, concluyó sobre el origen de su legendario seudónimo.

Aquel debut, sumado a su trabajo en filmes de la incipiente Generación del 60 como El jefe (1958), bajo la dirección de Fernando Ayala, y Zafra (1959), de Lucas Demare, la consolidaron rápidamente en la escena nacional, donde su singular timbre de voz, su mirada penetrante y su sofisticación la convirtieron en la figura más codiciada de la industria cinematográfica de la época.
A lo largo de su carrera, Graciela Borges tejió alianzas creativas fundamentales con los realizadores más importantes del nuestro cine. Una de las más conocidas es que la que conformó con Leopoldo Torre Nilsson, de quien muchos dicen fue su “musa inspiradora”. La dupla comenzó en 1960 con Fin de fiesta y se extendió a través de títulos emblemáticos como Piel de verano (1961), La terraza (1963), La chica del lunes (1967), Los traidores de San Ángel (1967) y Martín Fierro (1968),donde compartió protagonismo con otro ícono del cine nacional, Alfredo Alcón.

También es reconocido su vínculo artístico con Leonardo Favio, explicíto en la obra maestra El dependiente (1969). Otra de sus duplas autorales más potentes fue junto a Raúl de la Torre, compañero en la vida y en el arte, con quien exploró nuevas facetas dramáticas basadas en el manejo de los silencios y los planos cortos. Juntos firmaron éxitos como Crónica de una señora (1971) —con guion de María Luisa Bemberg, que le valió a Borges la prestigiosa Concha de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de San Sebastián—, Heroína (1972), La revolución (1973), Sola (1976), la aclamada Pubis angelical (1982), Pobre mariposa (1986) y Funes, un gran amor (1993).

Su versatilidad también quedó registrada bajo las órdenes de grandes directores como Alejandro Doria (en Los pasajeros del jardín y Las manos), Manuel Antín y Mario Soffici, al tiempo que incursionó con enorme éxito en la televisión en la recordada telenovela Tres destinos (1966) y múltiples episodios de Alta comedia durante las décadas de 1970 y 1990.

Con la llegada del nuevo milenio, demostró una generosidad y audacia enorme al sumarse a los proyectos de una nueva generación de cineastas independientes conocida como Nuevo cine argentino. Su papel en La ciénaga (2001), ópera prima de Lucrecia Martel, inauguró una nueva etapa en su carrera, a la que siguieron filmes como ¿Sabés nadar?, de Diego Kaplan, y Monoblock, de Luis Ortega. Y más cerca en el tiempo continuó cosechando el aplauso de la crítica y del público masivo en producciones como Dos hermanos, de Daniel Burman, Viudas y El espejo de los otros, de Marcos Carnevale, Tokio de Maximiliano Gutiérrez, y el drama romántico Resentimental, de Leonardo Damario.

Luego de sus últimos trabajos, La quietud (2018) de Pablo Trapero y El cuento de las comadrejas (2019), dirigida por Juan José Campanella, anunció su retiro de la pantalla grande aunque en 2024, la Borges se reencontró con su público para compartir historias y anécdotas de su carrera en la obra Alquimia, que se presentó en el Teatro Auditorium de Mar del Plata, la misma ciudad que la vio tantas veces ganar premios.

En 2021, a propósito de una serie de podcast que se produjeron sobre su vida, expresó: “No quiero usar palabras como trabajo o carrera pero este medio en el que estamos los que creamos, escribiendo, pensando –digamos los intelectuales entre comillas, para no sentirnos elevados por encima de los otros– conlleva una percepción del espíritu que hace más fácil movernos para mirar el afuera. Es como cuando una amiga te dice “No me gustó esta película”, y yo siempre respondo lo mismo: “¿Quién quiere hacer una mala película? No pudo…”. Con la vida pasa lo mismo. Hay cosas que no salen, talentos que no rinden, pero también hay gente que va por caminos que no están en los mapas, ¿no?” .
Fuente: www.argentina.gob.ar
