El primer ministro británico Keir Starmer votó este martes en la Cámara de los Comunes si se abre una investigación parlamentaria formal por sus declaraciones sobre el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos. La acusación de la oposición conservadora es directa: Starmer mintió al Parlamento cuando dijo que se siguió el «debido proceso» y que no hubo presión sobre los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores.
El caso es político y explosivo. Mandelson fue designado embajador en 2024 sin haber completado la verificación de seguridad en los plazos establecidos. Siete meses después fue destituido cuando se revelaron sus vínculos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. Starmer pidió disculpas por el nombramiento, pero siguió afirmando que los procedimientos fueron correctos.
El problema es que hay documentos que complican esa versión. Un ex funcionario del Ministerio de Exteriores declaró ante una comisión que sintió «presión para lograr un resultado rápido» por el «contacto regular desde el número 10» —la oficina del primer ministro—, aunque aclaró que esa presión no influyó en su decisión final. Starmer salió a matizar: «Hay presión del tipo ‘¿podemos terminar esto rápido?’, que no es presión inusual. Es la presión diaria de un gobierno.»
El Laborismo tiene mayoría en la Cámara, por lo que la investigación se abre solo si sus propios diputados votan en contra del partido. Starmer fue claro la noche anterior ante su bancada: «Mañana será pura política y debemos permanecer unidos.» El antecedente que todos tienen en mente es Boris Johnson, a quien el Comité de Privilegios concluyó en 2023 que había mentido al Parlamento por el escándalo del *partygate*. Johnson tuvo que renunciar a su banca.
