
Hay un mito culinario que ya es hora de derribar: la leche de coco no es solo para los postres ni es un ingrediente exclusivo para cocineros avanzados. Al contrario, este elixir cremoso y sutilmente perfumado es el mejor atajo que existe en la cocina para transformar ingredientes simples (esos que seguro ya tenés en la heladera) en un plato con chapa de restaurante.
En pleno invierno, su untuosidad aporta ese confort que el cuerpo pide a gritos, pero con un toque fresco y exótico que te saca de la monotonía del guiso de siempre.
Si tenés una lata de leche de coco en la alacena y no sabés por dónde arrancar, acá te dejamos tres recetas infalibles, fáciles y decididamente gourmet para lucirte sin complicarte la vida.
- El clásico imbatible: Curry exprés de pollo y vegetales
El curry y la leche de coco son el matrimonio perfecto de la gastronomía. Esta versión es ideal porque se adapta a los vegetales de estación que tengas a mano.
¿Qué necesitás? 2 pechugas de pollo en cubos, 1 cebolla, 1 morrón rojo, 1 zanahoria en rodajas finas, 1 cucharada sopera de curry en polvo (o pasta de curry si conseguís), 1 lata de leche de coco y cilantro fresco.
El paso a paso:
En una sartén profunda o wok con un hilito de aceite, dorá los cubos de pollo. Retiralos y reservalos.
En esa misma sartén, salteá la cebolla, el morrón y la zanahoria hasta que estén tiernos.
Sumá el curry en polvo y revolvé un minuto para que los condimentos se tuesten y liberen todo su aroma.
Volvé a incorporar el pollo, volcá la lata de leche de coco y bajá el fuego. Dejá que cocine a fuego lento por 15 minutos hasta que la salsa reduzca y quede bien cremosa.
Servilo con arroz blanco sushilero o aromático y llové el plato con mucho cilantro fresco.
- Para los días fríos: Sopa crema de calabaza, jengibre y coco
Olvidate de la sopa de calabaza aburrida de hospital. Esta versión es un viaje de ida gracias al picor del jengibre y la sedosidad del coco.
¿Qué necesitás? 1 calabaza mediana, 1 cebolla, 1 trocito de jengibre fresco rallado (del tamaño de una moneda), 1 taza de caldo de verduras, 1/2 lata de leche de coco, semillas de girasol o calabaza tostadas.
El paso a paso:
Cortá la calabaza a la mitad, sacale las semillas y horneala boca abajo hasta que esté bien tierna. Esto le da un toque ahumado espectacular.
En una olla, rehogá la cebolla picada con el jengibre rallado.
Sumá la pulpa de la calabaza asada, el caldo de verduras y la leche de coco. Condimentá con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada.
Dejá que hierva todo junto por 5 minutos para que se amalgamen los sabores.
Licuá o procesá con un mixer directo en la olla hasta lograr una textura aterciopelada.
Servila bien caliente en un tazón, sumando un chorrito extra de leche de coco por encima para decorar y un puñado de semillas tostadas para aportar el toque crocante.
- El toque sofisticado: Langostinos (o pesca blanca) al ajillo caribeño
Si tenés una cena especial o querés un mimo gourmet de fin de semana, esta receta se hace en menos de 10 minutos y es un aplauso cerrado.
¿Qué necesitás? 300g de langostinos limpios (o cubos de un buen pescado blanco firme), 3 dientes de ajo picados, 1 cucharadita de ralladura de lima (o limón), jugo de media lima, 1/2 taza de leche de coco, una pizca de ají molido o chile si te gusta el picante.
El paso a paso:
En una sartén bien caliente con una cucharada de aceite (si tenés de coco, mejor), dorá el ajo picado cuidando que no se queme.
Agregá los langostinos. Cocinalos apenas 2 minutos por lado hasta que cambien a color rosado.
Incorporá el ají molido, la ralladura y el jugo de lima. Cociná 30 segundos para que evapore el alcohol del ácido.
Volcá la leche de coco, integrá todo con movimientos suaves y dejá reducir solo un minuto. La salsa tiene que ligar, pero el marisco no debe pasarse de cocción.
Retirá del fuego y serví inmediatamente con unas rodajas de pan de campo tostado frotado con ajo para mojar en esa salsa adictiva.
El secreto del Chef: Cuando abras la lata de leche de coco, es normal que encuentres una capa muy sólida arriba (la grasa) y líquido abajo (el agua). No te asustes, no está fea. Simplemente batila enérgicamente antes de usarla para que recupere su textura homogénea perfecta.
