El jefe de Gabinete Manuel Adorni presentó este miércoles su informe de gestión ante la Cámara de Diputados en la sesión más cargada políticamente de las últimas semanas. Llegó al Congreso sonriente, con Javier Milei sentado en el palco junto a Karina Milei, casi la totalidad del gabinete y más de 100 invitados oficialistas. El Presidente difundió una foto grupal con música de Rocky y el cierre «Viva la libertad, carajo».
El contexto le da peso extra a una comparecencia que en principio es una obligación constitucional: Adorni enfrenta una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito. La oposición elevó 4.800 preguntas por escrito; el Ejecutivo respondió poco más de 2.100. Las cuatro que más interesan: el viaje a Punta del Este, la evolución de su patrimonio —que definió como «información confidencial»—, los gastos de las comitivas presidenciales y los contratos del periodista Marcelo Grandio con la Televisión Pública.
Del lado opositor, Agustín Rossi advirtió que Adorni «sabe que está embarrado» y que buscará «embarrar a la oposición». Juan Grabois lo acusó de hipocresía y dijo que tiene la oportunidad de «pedirle perdón al pueblo argentino». Desde la Coalición Cívica, Mónica Frade fue más lejos: pidió que sea desplazado por una moción de censura.
El momento del día lo puso el diputado socialista Esteban Paulón, que llegó al recinto con bolsas de pochoclos y las empezó a repartir entre sus colegas —había anunciado en redes que «iba a haber pochoclo»—. La escena resumió el clima: una sesión tensa, con mucho show y expectativa real sobre qué va a poder responder Adorni cuando llegue el turno de la oposición.
