ADIÓS AL INDIO SOLARI

La despedida del Indio Solari fue un acontecimiento sin precedentes, una marea de gente que se acercó al Polideportivo José María Gatica en Villa Domínico para rendir homenaje a este ídolo de la música. La cita era el domingo 7 de junio a las 11 horas, pero los fanáticos ya se habían acercado al lugar el sábado a la tarde, ansiosos por despedirse de su héroe.

La organización había preparado un velorio en tiempo récord, con vallas sobre la Avenida Mitre para ordenar la fila, puestos de hidratación, baños químicos y un cordón de bomberos que administraba la entrada. Los pibes y pibas con pecheras blancas, hechas para la ocasión, se encargaban de ayudar a cada grupo que quería desplegar su bandera por última vez delante de su héroe. Era un gesto de respeto y amor hacia el Indio Solari, que había inspirado a generaciones con su música.

La familia del Indio Solari, junto a Viru, la mujer que lo acompañó durante décadas, estaban presentes en la despedida. Viru era una guerrera a su altura, que no se movió de su lado ni en este último adiós. Incluso se tomó un momento para consolar a los fanáticos que rompían en llanto, demostrando la humildad y el amor que caracterizaban al Indio Solari. La gente hacía la fila sola, con mucho cuidado por el otro y respeto, mientras circulaba una energía inexplicable que no distinguía de edades ni clases sociales.

La despedida del Indio Solari fue un momento de gran emoción, con murales en el piso que ocupaban calles enteras y banderas que se extendían por varias cuadras. La gente saltaba con amigos y familia porque sonaba su canción favorita, mientras otros caminaban entre lágrimas para despedirse. Cada testimonio destilaba un eterno amor que se mezclaba con las frases que Carlos grabó en nuestras pieles. Era un momento de poesía y conexión, en el que nadie lloró solo.