En el corazón de Pichincha, donde todo pasa, una antigua fábrica se reconvirtió para dar vida a Negre, una propuesta de alta cocina que está en boca de todos.
El Lugar: Un flechazo a primera vista. Olvidate de lo convencional. Al cruzar la puerta de Güemes 2587, te sumergís en una atmósfera con toda la onda industrial de Nueva York. Paredes de ladrillo desnudo, vigas de hierro y una cocina abierta que es puro espectáculo. La barra, larguísima y protagonista, es ideal para arrancar con un buen cóctel mientras espiás al chef Diego Tapia y su equipo hacer magia. Mención especial para la vajilla y la cristalería: acá, cada detalle cuenta (y suma mil puntos).
La Comida: Un viaje de ida. Si la facha del lugar te conquistó, esperá a probar los platos. La carta es una declaración de amor a los productos de primera y a la técnica.
¿El hit? Sin dudas, el tiradito del Paraná, una versión súper fresca y original con surubí que te va a sorprender.
Si sos del team carnívoro, el ojo de bife con hueso es una bomba que no falla. Lo mejor de todo es que le dan manija a lo local, con pesca de nuestro río y vegetales de su propia huerta. ¡Aplausos!
Para Beber: La Meca del vino. Atención, fanáticos del buen vino: la cava de Negre es de otro planeta. Con más de 300 etiquetas, es una de las más completas de la región. ¿No sabés qué pedir? Relajá, los sommeliers la tienen clarísima y te van a guiar para que encuentres el maridaje perfecto.
Es el lugar ideal para una cita o una salida especial donde quieras romperla. No es para ir de apuro, sino para vivir una experiencia completa. La calidad es indiscutible, si querés probar alta cocina en un ambiente con una onda increíble, tenés que agendar una visita a Negre. ¡Después nos contás!




