Una jornada de violencia extrema sacudió el sábado al departamento del Cauca, en el suroccidente de Colombia. Al menos 20 personas murieron y más de 45 resultaron heridas en una serie de ataques con explosivos que incluyeron un dron contra un radar aéreo, detonaciones que hirieron a indígenas de la zona y —el más letal— una explosión en la Vía Panamericana, en el municipio de Cajibío, que destrozó autobuses y furgonetas, volcó vehículos y abrió un cráter enorme en la autopista que conecta Cali y Popayán. Entre los heridos hay al menos cinco menores de edad.
El presidente Gustavo Petro atribuyó los ataques a disidencias de las FARC lideradas por alias «Iván Mordisco»: «Son terroristas, fascistas y narcotraficantes. Quiero la máxima persecución mundial contra este grupo narcoterrorista».
Los ataques del sábado se suman a un carro bomba que estalló el viernes en una base militar en Cali. En total, las fuerzas militares registraron al menos 26 ataques en Cauca y Valle del Cauca en dos días.
El contexto no es menor: Colombia está a poco más de un mes de las elecciones presidenciales y la seguridad es el tema central de la campaña. La estrategia de «paz total» de Petro —que finaliza su mandato en agosto— no logró contener la violencia en el sur del país, donde grupos armados se disputan el territorio y sostienen el negocio del narcotráfico.
