EL SECRETO DE LA FELICIDAD TIENE HARINA Y HUEVO: COCINANDO CON EMILIANO MOLINA.


Hay sabores que tienen el poder de transportarnos directo a la mesa de la abuela, pero cuando el que toma el mando de los fuegos es alguien como Emiliano Molina, ese viaje se vuelve una experiencia de otro nivel. Para los que formamos parte de la comunidad de dondevamos.com.ar, sabemos que la cocina italiana no es solo tirar fideos al agua, sino que es un ritual de paciencia, técnica y, sobre todo, mucho corazón.Como Emiliano es un referente de la cocina italiana en Rosario (seguro lo cruzaste en el Instituto GASDA o en sus ciclos del Consulado), nada mejor que elegir uno de sus fuertes: una buena pasta artesanal con ese toque tano que lo caracteriza. con ese amor por las raíces que le viene de Bolonia y su sello en Doppio Zero, nos invita hoy a meternos en la cocina para preparar unos fettuccine caseros que son la gloria misma. Porque, seamos realistas, no hay nada que se compare con el placer de hundir el tenedor en una pasta fresca hecha por uno mismo, sintiendo esa textura que solo se logra cuando respetamos los tiempos y los ingredientes nobles.

El primer gran secreto que nos deja Emiliano es que te olvides de las complicaciones: la base perfecta son solo harina 0000, huevos de campo, una pizca de sal y un buen chorro de aceite de oliva, nada de semolines ni vueltas extrañas. El truco está en el amasado, en ese baile de las manos sobre la mesada hasta que la masa se vuelve elástica y suave, pidiéndote a gritos un descanso antes de pasar por la máquina o el palote. Y mientras la masa reposa, el ambiente se empieza a transformar porque el aroma de un buen salteado empieza a ganar la cocina. Para esta ocasión, Emiliano nos propone algo simple pero contundente: una salsa de tomates cherry maduros, mucho albahaca fresca y unos trozos de mozzarella que se fundan apenas entren en contacto con el calor de la pasta recién colada.

Lo que hace que esta receta sea tan especial —y lo que siempre charlamos con los que saben— es que la cocina es un lenguaje vivo que nos conecta. Cuando servís ese plato humeante, con un hilo extra de oliva por encima y una lluvia de queso reggianito rallado en el momento, el mundo parece detenerse un ratito. Es el plan ideal para este finde en Rosario: abrir un buen vino, poner música de fondo y animarse a ensuciarse un poco las manos para agasajar a los que más queremos. Porque como siempre dice Emiliano, la cocina italiana es mantener la esencia, respetar el producto y disfrutar de ese encuentro que solo sucede alrededor de una mesa llena de amigos y buena comida.