LA CIENCIA DESCUBRE QUE HUMANOS Y ANIMALES COMPARTEN EL MISMO «GUSTO MUSICAL»: POR QUÉ NOS EMOCIONA EL CANTO DE LOS PÁJAROS

Un estudio publicado en la revista Science en 2026, liderado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, reveló que los humanos compartimos preferencias acústicas fundamentales con una enorme variedad de animales. Los investigadores, entre los que destaca E. Arik, descubrieron que existe una estética universal basada en parámetros biológicos de frecuencia y ritmo que lleva millones de años de evolución sin cambiar.

El equipo utilizó una base de datos de sonidos naturales y realizó pruebas cruzadas entre humanos y diversas especies, desde aves hasta primates. El resultado fue contundente: todos los sujetos mostraron preferencia por las mismas frecuencias y ritmos, independientemente de quién emitiera el sonido. Los científicos lo llaman «sintonía evolutiva», un estado donde el receptor está biológicamente predispuesto a sentir placer ante señales que demostraron funcionar para la reproducción durante milenios.

El hallazgo no sugiere que un ave pueda disfrutar de una sinfonía de Mozart como nosotros, sino que los ladrillos fundamentales que hacen que nos guste —timbre, cadencia, frecuencia— son los mismos que usa un ave para elegir a su pareja. Nuestro gusto musical sería una extensión de nuestra capacidad para detectar «buenos genes» a través del oído: una llamada clara y bien estructurada es prueba de salud y energía en la naturaleza.

Los autores advierten que el ruido industrial y la cacofonía urbana no son solo molestias, sino agresiones contra nuestra configuración biológica básica, y que recuperar la exposición a patrones acústicos naturales es esencial para reducir el estrés. La música, concluyen, no es un invento humano sino la sofisticación de un algoritmo biológico previo: el lenguaje común de la vida.