La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, declaró ante el Senado que las capacidades militares convencionales de Irán fueron «prácticamente destruidas» tras los ataques recientes, pero que el régimen de Teherán permanece intacto. La guerra ya entra en su tercera semana y la presión política sobre la administración Trump crece.
Gabbard detalló que Irán quedó con opciones limitadas y una posición estratégica muy deteriorada. Anticipó que las tensiones internas aumentarán a medida que la economía se debilite. Un dato clave que surgió en la audiencia: la comunidad de inteligencia concluyó que Irán no ha intentado reconstruir su capacidad de enriquecimiento nuclear desde los bombardeos de junio de 2025. Esto contradice uno de los principales argumentos de Trump para justificar la ofensiva.
La audiencia dejó otra bomba. Joe Kent, exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo y colaborador cercano de Gabbard, renunció en protesta por el conflicto. «No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán», declaró, atribuyendo la decisión de ir a la guerra a la presión de Israel y su lobby en Washington.
Senadores demócratas y republicanos reclamaron transparencia sobre los costos humanos, económicos y diplomáticos del enfrentamiento. El conflicto ya dejó miles de muertos, millones de desplazados y sacudió los mercados energéticos globales.
